Más allá de algunos hechos aislados fuera del estadio, la fiesta se vivió en paz. Del lado de la parcialidad de Boca, entró más gente de la que se suponía que se vería en la popular visitante. Mientras que la gente de River se quedó cantando después del partido, como si la victoria hubiera valido el campeonato. Postales de un “Superclásico” lleno de color y locura.

- Diario 26"/> Más allá de algunos hechos aislados fuera del estadio, la fiesta se vivió en paz. Del lado de la parcialidad de Boca, entró más gente de la que se suponía que se vería en la popular visitante. Mientras que la gente de River se quedó cantando después del partido, como si la victoria hubiera valido el campeonato. Postales de un “Superclásico” lleno de color y locura.

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APERTURA 2006 – EL DUELO EN LAS TRIUBNAS

Lunes 09 de Octubre del 2006

El color del “Superclásico”. Cómo vivieron el partido las hinchadas de Boca y River

Hinchadas de River y BocaMás allá de algunos hechos aislados fuera del estadio, la fiesta se vivió en paz. Del lado de la parcialidad de Boca, entró más gente de la que se suponía que se vería en la popular visitante. Mientras que la gente de River se quedó cantando después del partido, como si la victoria hubiera valido el campeonato. Postales de un “Superclásico” lleno de color y locura.

Dentro del estadio se desarrollaba, la "megafiesta" de color, con su música y su idioma propios; con sus ritos, como los ingresos de las "barras bravas", primero "Los Borrachos del Tablón" y más tarde "El Jugador Número 12", que por este último detalle resultó acusado por los locales de haber llegado con custodia policial, tarde y con miedo.

Los violentos de las últimas décadas arruinaron la esencia del fútbol en la Argentina y así es como ahora no se puede disfrutar de un duelo de parcialidades parejo, con buena cantidad de público del lado visitante, por eso a los de Boca les dieron el centro de la tribuna correspondiente, que desbordaron, provocando la "invasión" desordenada (saltando alambrados peligrosamente) de uno de los dos sectores que en principio iban a quedar inhabilitados, como "pulmones".

Allí "metieron" cantidad de banderas, unas sobre las otras en los alambrados, así como tres telones fueron desplegando en forma alternativa a lo largo de la tarde, del lado visitante.

También hubo trapos con leyendas, como los que acusaban "Vayan de visitante Borrachos del tablón" o la que hablaba del "Romance Mundial" y mezclaba en un corazón los escudos de Independiente y River, para aludir a un episodio ocurrido en Alemania 2006.

Disfrutó esa gente de Boca hasta que duró el 1-1 porque después fue todo de River, que también mostró un telón impresionante.

¿Habrá tenido que ver con la definición de este partido la pinchadura de unos globos perpetrada en la platea local, después del empate de Boca?

Los que analizan las cábalas tendrán la respuesta. Pícaros o no, en la tribuna visitante soltaron un par de globos, uno azul, otro amarillo, que volaron mansamente hacia el sector local y allí fueron rozando a diferentes espectadores hasta que a algún plateísta local se le ocurrió que había que pincharlos.

¿Así se pinchó la ilusión de Boca, de salir airoso de otro superclásico? Fue un símbolo, porque después de ese episodio los visitantes tuvieron poco que festejar.

River empezó a ganar el partido y no hubo hechizo que le sirviera a Boca para emparejar el partido, sólo le quedó la tranquilidad de seguir en la punta del campeonato y sin dramas porque apenas, se perdió un partido.

Pero para River fue todo, para su gente este triunfo resultó algo así como ganar un campeonato y enseguida comenzaron las bromas.

"Poné a Guillermo, la p… que te p…", era uno de los cánticos, seguido por algún aislado "Guillermo, Guillermo", en recuerdo del salvador del último superclásico, cuando el técnico Ricardo La Volpe había agotado los cambios.

Luego las loas fueron para "Belluschi, Belluschi…", así como para el reeplazado Gonzalo Higuaín, mientras se preparaba el festejo.

Y en esos minutos finales pareció que River celebraba un título porque los suplentes, los jugadores que no habían entrado, se abrazaban, el cuerpo técnico parecía imitarlos y hasta los alcanza pelotas saltaban y bailaban fuera del contorno del campo de juego.

La mayoría cantaba por River, el tablero electrónico multiplicaba rostros de alegría y apenas terminó el encuentro, los jugadores iban enloquecidos, del campo a la pista atlética, ida y vuelta.

Los contrarios se reunieron en la mitad de la cancha, aplaudieron a su público, saludaron y se fueron en perfecto orden, tras el respetuoso saludo de Matías Abelairas con Rodrigo Palacio.

Pero la mayoría de los jugadores de River, alborozada, saltaba y cantaba en el campo de juego y a la gente no le importaba tener que quedarse 30 minutos más.

La nota desagradable la pusieron aquellos que se dedicaron al "lanzamiento de la butaca" costumbre tristemente célebre de los que pierden partidos de envergadura-, los que hicieron un fuego en la tribuna visitante y provocaron los cánticos agresivos del otro lado.

Porque los integrantes del jugador "Número Doce" se quedaron todo lo que pudieron para acusar que el festejo riverplatense era "un velorio" y los locales no tardaron en contrarrestar con: "Los bosteros no se van, los bosteros no se van, tienen ganas, tienen ganas de cobrar".

Finalmente sacaron sus trompetas, sus bombos y sus banderas y se retiraron vigilados por el helicóptero y las avenidas adyacentes dejaron paulatinamente de verse teñidas por camisetas azules y amarillas hasta que los rojos y blancos de River cubrieron todo media hora después, eso sí, con más cantidad de policía que lo que resultaría normal para un espectáculo deportivo.

Las bocinas, ya en la noche, sugerían también que se celebraba algo más que un partido, un superpartido, el que empieza siete días antes, se palpita desde la puesta en venta de localidades y dura hasta que aparecen los afiches que se burlan del perdedor.
        

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